La Democracia es una sociedad armoniosa y serena, contrapuesta al amasijo rencoroso y conflictivo de la tiranía: imperio, monarquía o cualquier otra forma. En la tiranía, el Pueblo es pasivo y sometido a los pocos que detentan permanentemente la centralidad. En la Democracia, las personas pueden acceder al núcleo de la célula social (la República, precisamente) a través de un Instituto (que puede llamarse Banco de los Empleos Públicos u otro nombre) que redistribuye periódicamente sus partes, según competencias, idoneidad y preparación personal, así como las necesidades del País. Cualquiera puede aportar su contribución a la República convirtiéndose en constructor de su propio destino. La sociedad se beneficia disfrutando de una amplia visión, enriquecida por cada uno, capaz de hacerle percibir oportunidades y superar obstáculos.